No se como, pero poco a poco las hamburguesas se fueron convirtiendo en algo típico de los domingos. Esa noche todo esta permitido. Es como la ultima cena de un condenado que al dia siguiente tiene que volver al trabajo y al que se le permite tomar lo que quiera. Asi que probando y probando descubrí que las que más me gustaban eran las de pulled pork.
El pulled pork tiene una cocción más larga que el piropo de un tartamudo, así que ya que se pone uno, lo mejor es preparar una buena cantidad y congelarla en porciones. Así los domingos de perreo (me refiero a estar tirado en el sofá, no a mover el culo en una discoteca latina), solo tendremos que descongelar una ración para comernos una hamburguesa rica, rica sin dar palo al agua.
Lo mejor es acompañarla con salsa barbacoa, ensalada de col y queso cheddar, pero eso ya lo dejo a vuestra elección.
